La República Popular China cumple 70 años con el objetivo de alcanzar la hegemonía mundial

China celebra este martes 1 de octubre los 70 años de su fundación como República Popular, un aniversario al que llega con la vista puesta en lograr a medio plazo la hegemonía mundial tanto en el terreno económico como en el militar. Pero también en asuntos preocupantes en el corto plazo como la guerra comercial con Estados Unidos, las protestas en Hong Kong, la tensión en el Mar de China y las elecciones en Taiwán en enero próximo.

Este 70 aniversario, que se celebrará con el mayor desfile militar de su historia y otro de carácter civil en el que participarán decenas de miles de personas, supone en la práctica superar los 69 años de existencia de la URSS (1922-1991), lo que convierte en el sistema comunista más longevo de la historia.

Aunque China no ha invitado a líderes extranjeros al evento, sí acudirán los embajadores en Pekín. También antiguos mandatarios chinos, como el expresidente Jiang Zeming, de 93 años, acompañarán al actual líder chino, Xi Jinping.

Más de 15.000 soldados participarán en el desfile, junto a 160 aviones de combate y drones supersónicos, además de 580 tanques y otras piezas de artillería y misiles, algunos de ellos nunca vistos en público, según los medios oficiales chinos.

A continuación tendrá lugar un desfile civil con la participarán unas 100.000 personas junto a decenas de carrozas representativas de las distintas etapas que ha atravesado el país en las últimas siete décadas.

Una exposición muestra los retratos de todos los dirigentes de la República Popular China.

Una exposición muestra los retratos de todos los dirigentes de la República Popular China. WANG ZHAO / AFP

Un país en ruinas

El 1 de octubre de 1949, el Partido Comunista Chino de Mao Zedong proclamó en Pekín la República Popular China, tras su victoria sobre los nacionalistas del Kuomintang, cuyos partidarios se refugiaron en la isla de Taiwán, dando lugar a lo que en la época se denominó ‘China nacionalista’.

Mao se encontró un país en ruinas, tras décadas de guerra, y se embarcó en un ambicioso proceso de reformas con la ayuda de la Unión Soviética. Pero el verdadero salto económico para el país llegó tras su muerte, en la segunda mitad de los 70, lo que le ha llevado a ser la segunda potencia mundial en ese terreno. Todo ello, en medio de críticas por la falta de respeto a los derechos humanos y la depuración de opositores y de grupos étnicos como los uigures.

Aunque el régimen chino sigue considerándose un sistema comunista, la realidad es que su enorme crecimiento ha llegado a través de su decisión de convertirse en una economía de mercado, que ahora pugna por ser la primera a nivel mundial.

De hecho, los expertos chinos no dudan de que este hecho se producirá y la única pregunta es cuándo China superará a Estados Unidos como primera potencia económica.

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Crecimiento económico

Para Xu Chenggang, economista y profesor de la escuela de negocios Cheung Kong, «si nada se tuerce, es bastante seguro que el tamaño de la economía china supere a la estadounidense en, quizá, diez años», asegura a EFE.

Una de las bases del crecimiento chino es el comercio que, según señala el decano del Instituto de Estudios de China de la Universidad Tsinghua, Hu Angang, sigue creciendo con regiones como «el Sudeste Asiático, África o Latinoamérica. China es ya el primer socio comercial de 120 países mientras que EE.UU. solo lo es de 50».

En su opinión, esto es una prueba de que «el impacto de la guerra comercial sobre la economía china es bastante limitado».

Pese a ello, el régimen chino está obligado, según los expertos, a llevar a cabo reformas esenciales como una Justicia independiente que proteja la propiedad privada, que el Estado renuncie al monopolio sobre la propiedad de la tierra y el sector financiero y que se puedan celebrar elecciones a nivel local para que los funcionarios no respondan solo ante sus jefes sino ante su electorado.

«Si no hay reformas en estas áreas, me temo que las consecuencias serán caídas en el crecimiento y en la estabilidad», asegura Xu Chenggang.

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Hong Kong, una incógnita

Un elemento que puede resultar desestabilizador para el régimen de Pekín es la situación en Hong Kong, donde desde hace meses se suceden las protestas a favor de la democracia.

En principio, Hong Kong perderá su autonomía en 2047 lo que, más allá de las consecuencias políticas que pueda generar esta circunstancia, también influirá en el terreno económico, ya que este sigue siendo un centro financiero internacional, puerta de entrada de capitales e inversión a China.

Su simple existencia es una garantía institucional para las grandes firmas extranjeras respecto al gigante asiático, lo que abre el interrogante de si este será capaz de reproducir esas condiciones si finalmente Hong Kong pierde su autonomía.

El presidente chino, Xi Jinping, durante un acto conmemorativo de los 70 años de la República Popular China.

El presidente chino, Xi Jinping, durante un acto conmemorativo de los 70 años de la República Popular China. NOEL CELIS / AFP

Poderío militar

El otro terreno en el que China pretende reafirmar su posición es en el militar. Según asegura Chen Rongdi, jefe del Instituto de Estudios Bélicos de la Academia de Ciencias Militares del Ejército Popular de Liberación, «debemos ser capaces de disuadir más allá de resistir».

En esa línea, el último Libro Blanco de Defensa, publicado este verano, especifica que es necesario frenar su principal antagonista, Estados Unidos: «El mundo está lejos de ser pacífico y esto se debe a que Washington está ajustando sus estrategas de seguridad, considerando a China como un competidor estratégico», afirma Chen.

La situación de Taiwán es la más delicada entre ambas potencias, sobre todo desde que China aseguró que no renuncia al uso de la fuerza en su afán por hacerse con la isla.

Además, la persistencia de las patrullas aéreas y navales de EE.UU. y la reciente venta de aviones de combate estadounidenses a Taiwán -66 aeronaves F-16C/D- se ven desde Pekín como un desafío que se suma al auge del independentismo con vistas a los comicios de enero.

Los militares chinos se afanan en señalar que China tiene «la fuerza y la determinación» suficiente como para invadir la isla si lo considerara necesario, pero siempre se cuidan de recordar que su Ejército es «de naturaleza defensiva», que sus tropas han destacado cuando han sido enviadas como fuerzas de paz de Naciones Unidas y que su objetivo es únicamente «defender su soberanía e intereses».

«China nunca buscará la hegemonía ni expandir su influencia. No seguirá el camino que en su día tomaron otros países. Somos una nación amante de la paz. Sabemos de la importancia que tiene esto porque China también sufrió agresiones en el pasado», asevera Chen.

Trabajadores colocan la alfombra roja mientras un grupo de militares ensayan para el desfile conmemorativo del 70 aniversario de la República Popular China.

Preparativos para el desfile conmemorativo del 70 aniversario de la República Popular China. EFE/EPA/THOMAS PETER

Un ejército renovado

Al margen de las palabras, la remodelación del Ejército más numeroso del mundo es una realidad, y ésta pasa por perfeccionar el entrenamiento militar mediante simulacros y maniobras, transferir más posiciones de oficial a efectivos que no tienen este grado y modernizar armas y equipos, según el propio Libro Blanco.

El volumen asegura que el presupuesto militar para 2019 crecerá un 7,5% hasta 177.600 millones de dólares por el aumento del 8,1% visto en 2018 y el del 7% registrado en 2017.

Entre el nuevo armamento destaca el primer portaaviones fabricado por China, aún sin fecha definitiva y conocido como proyecto Tipo 001A, y que llevará en cubierta hasta 36 aviones de combate J-15 una vez que entre en servicio, según la cadena estatal china CCTV.

Construido en 26 meses, el portaaviones fue botado en abril de 2017 y desde mayo de 2018 ha llevado a cabo seis pruebas en el mar, más una séptima realizada este agosto.

Vehículos militares del ejército chino aparcados en Shenzhen.

Vehículos militares del ejército chino aparcados en la ciudad de Shenzhen. REUTERS/THOMAS PETER

Más allá de las sorpresas que pueda deparar el desfile del primero de octubre, otras inminentes novedades son los buques de asalto anfibio equipados con helicóptero tipo 075, una nueva generación de radares «indetectables» y novedosos misiles balísticos para los bombarderos H-6K.

A ellos se suman los 500 carros de combate Tipo 99 de tercera generación, el destructor de misiles guiados Xi’An -el más moderno de toda Asia- y los cazas J-20, que convirtieron a China en la tercera nación en fabricar aeronaves de quinta generación después de Estados Unidos y Rusia.

RTVE

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